¿Hay creatividad en España?

“Hora de mojarse” es uno de los titulares que Números Rojos llevó a su segunda portada aunque podría ser el lema que hay detrás de cada uno de sus artículos. Con un diseño exquisito, esta revista política intenta aligerar contenidos porque los ‘tochazos’ ya no se leen. Nuevas ideas que, en definitiva, aportan nuevas soluciones a los retos de hoy. Pero, ¿hay nuevas ideas y creatividad en España? Hub Culture publicó la lista de las 20 ciudades donde emergen nuevas ideas y ninguna era española. Parece que se nos escapan. En Fever Media, creemos que la creatividad es parte del ‘camino’ y nos hemos puestos a investigar los porqués. David Losa, uno de los miembros y fundadores de Números Rojos, aclara “a título personal” qué pasa hoy en España con la creatividad.

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  1. Pensamiento crítico unido a diseño, ¿la creatividad es parte de la salida a la crisis?

La creatividad es deseable en cualquier contexto, aunque es cierto que suele agudizarse en época de crisis por aquello de responder con nuevos argumentos a procesos de creación o producción que parecen estancados o, en el peor de los casos, en decadencia. En este contexto, Números Rojos responde con algo tan poco innovador como una revista de papel, un objeto casi obsoleto en estos tiempos, y cuyo contenido pretende apelar al pensamiento crítico del lector, otro reto demodé. Sin embargo, hemos tratado de darle una vuelta al concepto de revista política ‘tochazo’ a través del diseño. Proponemos un contenido serio, hasta denso en algunos casos, comprometido con las causas en las que creemos, riguroso en cifras y datos, meticuloso en el tratamiento, pero revestido de un diseño atractivo que invite a la lectura. Hay que tener  en cuenta que el equipo de redacción de Números Rojos está formado por periodistas y diseñadores que procedemos (y trabajamos), en su mayoría, de revistas de estilo de vida que viven de la imagen y se apoyan en un contenido mucho más superficial. Por tanto, el reto era aunar placer visual con material más intelectual, porque una cosa no tiene qué estar reñida con la otra.

2.   Sin esta crisis, ¿sería difícil ver explosiones de creatividad unidas a ideas como en Número Rojos?

Está claro que las épocas de crisis nos plantean muchos retos e interrogantes personales y colectivos. Números Rojos ha surgido de la crisis 100%, sobre todo por nuestras ganas de contar cosas, por un ansia común de apoyar desde nuestro ‘speaker corner’ posturas que busquen un fin que podría definirse como justicia social. Para ello, hemos creado la plataforma que nos apetecía. Podría haber sido digital, y de hecho, aunque aún está algo verde, ya disponemos de web la revista Números Rojos, pero había un sentimiento común, llamémoslo nostalgia o amor por el propio objeto, que nos llevó a hacer Números Rojos en papel, con los costes que ello supone y que nos obligan a tener que andar buscando financiación debajo de las piedras para sacar número a número.

       3.   La horizontalidad que ofrecen internet y las redes sociales, ¿ayuda a que económicamente sean rentables las nuevas ideas?

Rotundamente sí. La modestia del proyecto lleva aparejada una serie de ‘miserias’, entre ellas la falta de un presupuesto destinado a promoción o publicidad. Afortunadamente, internet y las redes sociales son herramientas muy valiosas para llegar a otras personas. Con una buena estrategia y mucho trabajo puedes llegar al público que crees que puede tener interés por tu producto, y eso tiene un valor incalculable. Nosotros no somos especialistas en esto, pero poco a poco vamos aprendiendo, y cuanto más sabemos más nos damos cuenta de lo importante que es que la gente te nombre, te retuiteé… Como suele decirse, no sirve de nada tener algo muy bueno que ofrecer si la gente no lo conoce. Además, y por otra parte, la chispa que encendió el motor de Números Rojos fue una acción de ‘crowdfunding’ en la plataforma Lánzanos. A través de ella –y de todas las personas que creyeron en el proyecto– logramos financiar una parte de nuestro primer número.

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       4.  Ninguna ciudad española está en la lista de las 20 ciudades del mundo donde emergen nuevas ideas, ¿qué nos falta?

La respuesta a esta pregunta requeriría un amplísimo análisis socioeconómico para el que no creo estar muy capacitado. Probablemente se deba a una serie de circunstancias que se han ido sucediendo durante siglos. Se me ocurre, sin tener que remontarme a los orígenes del capitalismo, que durante estos últimos siglos España siempre ha sido un país liderado por oligarquías aristocráticas y eclesiásticas que, asentadas cómodamente en el poder, no han sentido necesidad alguna por la innovación. Es más, el feudalismo, casi medieval, se ha extendido hasta el siglo XIX, sin que la revolución industrial se haya materializado aquí hasta casi el siglo XX. Además, en contra de lo que ha sucedido en otros países, el centro principal de poder, Madrid, estaba a cientos de kilómetros del mar, siempre salida y llegada de nuevas ideas. Para colmo, 40 años de dictadura militar y católica, alérgica a los cambios por definición, más la inoperancia de los sucesivos gobiernos de la posterior democracia para ver más allá de las siguientes elecciones, en lo que a fomento de la investigación se refiere, y en cualquiera de los campos, han hecho de España una especie de erial en materia de innovación. Por suerte, yo creo que nuestra idiosincrasia y forma de entender y vivir la vida es propensa a crear nuevas fórmulas, algo que ha cristalizado sobre todo en las artes, y algo en la ciencia.

     5.  ¿Está España en el buen camino para generar nuevas ideas y romper con los modelos establecidos?

No lo creo. Sería un milagro que con las políticas públicas tan conservadoras y cortoplacistas que se están desarrollando surgiesen muchas nuevas ideas. Eso sí, desde el hartazgo, hay una generación de jóvenes que no se resigna a tener un futuro tan negro como se pinta y que tiene formación y herramientas para hacer cosas diferentes. Lo malo es que esa generación tiene que comer y pagar el alquiler, y quizá para ello tengan que agarrarse a opciones poco “creativas” y nada rompedoras. La otra opción, tan lícita como las demás, es irse. Y generar nuevas ideas fuera de aquí, donde de verdad haya posibilidad romper modelos establecidos.

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